¿Qué necesitas en este momento?

La pregunta que puede cambiar tu forma de relacionarte contigo mismo.

Vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a preguntarnos constantemente qué tenemos que hacer.

Qué debemos conseguir.

Qué deberíamos cambiar.

Qué esperan los demás de nosotros.

Pero pocas veces nos detenemos a hacernos una pregunta mucho más importante:

¿Qué necesito yo en este momento?

Parece una pregunta sencilla.

Sin embargo, cuando nos detenemos de verdad a escuchar la respuesta, descubrimos que no siempre sabemos qué necesitamos.

Pasamos gran parte de nuestra vida escuchando la mente.

Analizando.

Interpretando.

Buscando explicaciones.

Pero rara vez escuchamos el cuerpo.

Y el cuerpo suele saber cosas que la mente todavía no comprende.


Cuando dejamos de escucharnos

Muchas veces nos preguntamos:

¿Por qué me pasa esto?

¿Por qué siempre repito los mismos patrones?

¿Por qué aparecen personas parecidas en mi vida?

¿Por qué vuelvo a sentir el mismo dolor?

Y mientras intentamos encontrar respuestas, seguimos alejándonos de algo esencial.

Nuestra necesidad.

Porque detrás de muchas emociones existe una necesidad que no está siendo atendida.

Detrás de la rabia puede haber una necesidad de respeto.

Detrás de la tristeza puede haber una necesidad de contacto.

Detrás del agotamiento puede haber una necesidad de descanso.

Detrás de la ansiedad puede haber una necesidad de seguridad.

Pero si no aprendemos a escuchar esas necesidades, terminamos luchando contra nuestras emociones en lugar de comprenderlas.

Muchas veces el problema no es lo que sentimos.

El problema es, no escuchar lo que nuestros sentimientos

vienen a mostrarnos.

El cuerpo habla constantemente

El cuerpo expresa aquello que muchas veces no nos permitimos reconocer.

Cuando no escuchamos nuestras necesidades aparecen señales.

Tensión

Ansiedad

Vacío

Cansancio

Insomnio

Irritabilidad

Sensación de desconexión

Y solemos pensar que el problema está fuera.

Sin embargo, en muchas ocasiones llevamos demasiado tiempo abandonándonos a nosotros mismos.

El cuerpo no deja de hablar.

La cuestión es si estamos dispuestos a escucharlo.

Una historia cotidiana

Hace poco una mujer me compartía que estaba atravesando un momento difícil.

Se sentía triste.

Agotada.

Con una sensación de vacío difícil de explicar.

Cuando le pregunté qué le estaba ocurriendo, comenzó a contarme todas las circunstancias que estaban sucediendo en su vida.

Pero después le hice una pregunta diferente.

Le pregunté:

¿Qué necesita tu cuerpo ahora mismo?

Guardó silencio.

Pensó durante unos segundos.

Y finalmente respondió:

"Un abrazo."

Entonces le pregunté:

"¿Se lo has pedido a alguien?"

Y me dijo que no.

Tenía miedo de que la otra persona interpretara otra cosa.

Miedo de generar confusión.

Miedo de mostrarse vulnerable.

Y en ese momento comprendí algo que hacemos con mucha frecuencia.

Necesitamos algo.

Pero no lo expresamos.

Esperamos que los demás lo adivinen.

Y cuando no ocurre, aparece la frustración, la tristeza o el enfado.

No escuchar tu necesidad también duele

Muchas veces creemos que el sufrimiento aparece porque no obtenemos lo que necesitamos.

Pero existe otro dolor mucho más silencioso.

El dolor de no escucharnos.

El dolor de abandonar nuestras propias necesidades.

El dolor de ignorar aquello que el cuerpo intenta decirnos.

Madurar emocionalmente no consiste únicamente en aprender a relacionarnos mejor con los demás.

También consiste en aprender a sostenernos cuando aquello que necesitamos no llega desde fuera.

Aprender a acompañarnos

Aprender a escucharnos


Un ejercicio para escucharte

Quiero proponerte algo sencillo.

Busca un lugar tranquilo.

Siéntate cómodamente con los pies apoyados en el suelo.

Si puedes, descalzarte ayudará a sentir una mayor conexión con tu cuerpo.

Cierra suavemente los ojos.

Comienza realizando varias respiraciones profundas.

Inhala lentamente por la nariz.

Permite que el aire llene el abdomen y el pecho.

Y exhala despacio por la boca.

Con cada exhalación deja que el cuerpo suelte un poco de tensión.

Después de varias respiraciones, lleva la atención hacia tu interior.

Y pregúntate:

¿Qué necesito yo en este momento?

No lo que necesita tu pareja.

No lo que necesitan tus hijos.

No lo que esperan de ti.

Tú.

¿Qué necesitas ahora?

Escucha la respuesta sin juzgarla.

Quizás necesites descanso.

Quizás necesites llorar.

Quizás necesites expresar algo que llevas tiempo callando.

Quizás necesites compañía.

Quizás simplemente necesites parar.

Permítete escuchar.

Porque el cuerpo sabe.

La respuesta ya está dentro de ti.

Reflexión final

Tu cuerpo sabe lo que necesitas.

La pregunta es si estás dispuesto a escucharlo.

A veces pasamos años buscando respuestas fuera.

Buscando comprensión.

Buscando validación.

Buscando que alguien nos dé aquello que anhelamos.

Y sin embargo, el primer paso siempre comienza en el mismo lugar.

Dentro de nosotros.

Quizás hoy no necesites resolver toda tu vida.

Quizás solo necesites detenerte unos minutos.

Respirar.

Escucharte.

Y darte aquello que llevas demasiado tiempo esperando recibir de los demás.

Porque el cuerpo siempre habla.

Y cuando aprendemos a escucharlo, algo dentro de nosotros empieza a volver a casa.

Sonia García

Creado por DGautomatiza.com con © systeme.io